Una fracción de los hechos se pierde entre parpadeo y parpadeo





lunes, 12 de marzo de 2012

¿Dónde estamos?



1. Aquí

A veces yo estaba en El Cable por una u otra circunstancia. Entonces veía pasar a Checho; o más que pasar, escurrirse entre las futuras fotografías de gente que comía helado o tomaba cerveza bajo sombrillas de colores, en decks acondicionados para la socialización. Caminaba con lo que parecía un rumbo fijo pero a los cinco minutos volvía a aparecer caminando por el mismo lugar después de dar la vuelta completa a la manzana. Siempre con su ropa sencilla, elaborando tramas adicionales sobre las historias que leía o que veía en el cine o la televisión.

En principio parecería normal dar una vuelta en redondo, pero todos sabemos la impresión que genera hacerlo. Que uno está loco, que es raro, que no tiene novia. O desde un punto de vista más filosófico, que está volviendo siempre sobre lo mismo y que no se decide a avanzar. No importa hacia dónde, la sociedad nos pide un avance, un informe que debemos presentar cada década. Irnos de la casa a cierta edad, empezar a padecer cuanto antes el peso de las normas sociales. Checho nos contaba lo que aprendía en la universidad. Que los marranos podían eyacular hasta 2 litros por vez; que muchas veces un conejo podía imponerse a un gato si uno forzaba el combate entre ellos. Era como si estuviera por fuera de la sociedad, como si un rasgo indefinido de la niñez hubiera perdurado en él por no haberse corregido a tiempo. Visto así su camiseta negra con el logo de Batman parecía una burla; pero no lo era porque él, en su humildad, lo único que hacía era pasearse entre los adaptados sin intención de violentarlos o de desmejorar su condición con el planteamiento de teorías mejor estructuradas. Él Estaba ahí, y ya. Y nos saludaba con verdadera alegría.

Se acercaba primero a Juan Martín que era su amigo y después, por extensión, a Luisa, a Manuela y a mi. La conversación que surgía era poca, pero a mi me agradaba porque tenía ese aire noticioso de alguien que apenas está conociendo el mundo y que quiere que los demás lo conozcan también. Era ahí donde hablaba de la facultad de veterinaria, de sus vacaciones en Aguachica, de lo que le gustaría hacer en el futuro.

Esta semana me llamaron y me dijeron que el hermano mayor de Checho se había muerto en un accidente de tránsito en Australia. Debe estar muy triste, porque para él la muerte todavía debe ser esa cosa primigenia sobre la que no opera la filosofía, que nos descoloca, que nos aflige para siempre.

2 comentarios:

CARAPÁLIDA dijo...

Que descripción tan exacta y tan poética.

Mandarina dijo...

Gracias, que bueno leerlo. Ayuda un poco a lidiar con la técnica y se concentra en lo profundo de la emoción y la experiencia. Siga así, si quiere.