Una fracción de los hechos se pierde entre parpadeo y parpadeo





miércoles, 17 de marzo de 2010

Barrer para entregar

En algún momento de la vida, esas diferencias que en la infancia eran imperceptibles se afianzan hasta convertirse en asuntos de vida o muerte. Como no existen niños comunistas, ni causas infantiles, es muy escaso que un par de niños se aborrezcan por motivos que superen la ligereza del desacuerdo sobre la propiedad de un juguete.

Las cosas van evolucionando...

Una camiseta negra de un lado y del otro un cierto entusiasmo por la vida pueden bastar para enemistarse en la adolescencia. Y, sin embargo, (y por fortuna) esto no dura mucho: pronto, el amor por el heavy metal deja de ser un motivo determinante para el desprecio. Asoman los 30 y se reúnen amistosamente los hombres trabajadores al son de cualquier música. La facha- cosa de adolescentes - se ve relegada a hacer parte de los últimos destellos del ocaso romántico de una personalidad en formación.

Pasa el tiempo y las diferencias adquieren un tono grave impregnado de política y de sentimentalismo. En los vecinos que llevan vidas iguales aflora el desprecio recíproco de ilusiones y arquetipos y sin descartar un odio pequeño, que se va haciendo grande a la sombra de los acontecimientos nacionales, llegan a evitarse cada mañana mientras abren las puertas de sus carros idénticos, rumbo a oficinas idénticas donde tienen trabajos idénticos. Uno conforme y el otro inconforme, salen los dos con la corbata arrugada del cansancio, se montan en el ascensor y despotrican secretamente el uno del otro detrás de una sonrisa que los dos interpretan como buenas noches, rojo; buenas noches, facho de mierda.

Ambos, conocedores en secreto de la fórmula para que todo marche bien, reniegan del curso absurdo de los acontecimientos mundiales, de la inoperancia de sus contradictores y del móvil criminal que exhorta a los otros a pensar diferente. Se supone desinformado el contrario. Se toma por tonto. Se le atribuye el caos.

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El que inicia un negocio lo hace con ímpetu. 10 años después estará hablando de la competencia desleal. Cuando se aproxima el cierre empieza a barrer, para entregar.

De igual forma, la perorata sólo encuentra su fin cuando esas ilusiones serias, sostenidas en principios de amor o desamor por la sociedad, pilares de una megalomanía que decrece al mismo ritmo que la firmeza de los músculos, se van diluyendo en los hombres, que ancianos, ya solo riñen porque se les cagó un perro en el jardín.

12 comentarios:

Luz María dijo...

Vivir separa. Una mujer algunos años mayor que yo soltó esta frase en medio de una tertulia informal en la que los participantes no pasábamos de 20 años. Al hacerlo fijó la mirada en el único contertulio que la superaba en edad. Él asintió con un dejo de gravedad casi imperceptible, pero tan profundo que nueve años después recuerdo como si en vez de recordar estuviera mirándome al espejo. En ese momento entendí la frase, entendí el cruce de miradas, y entendí también que tendrían que pasar algunos años para comprender realmente lo que escuché y ví en ese instante. Vivir separa: mirada fija, mirada grave, jóvenes distraídos, corto silencio lejano. La conversación informal siguió su curso y la vida también, año tras año. Cada tanto recuerdo esa frase. En particular cuando me tropiezo con algún retazo del pasado deambulando por ahí con nuevo look, más arrugas, menos pelo, tetas más grandes, más vanidades, más decepciones. Cada cual tiene su metro cuadrado inamovible. Pocos quieren que se les mueva el piso. Hoy recordé la frase de nuevo al leer tu entrada. Me estremecí con la última frase. La entiendo con terror, pero al mismo tiempo me tranquiliza. Vivir separa. Y así llegamos ya curtidos y lánguidos a la vejez. Qué horror. Qué descanso.

Juanito Efectivo dijo...

Es que yo creo que a la vejez uno debe llegar hecho un bagazo de toda la testosterona (o la otra cosa en el caso de las mujeres), que le quedó después haberse pasado la vida entera tratando de hacerse admirar y respetar.

Toda esa lucha por ganarse un lugar es lo que lo "separa" a uno de todos los que se interponen con otras hazañas y otras ideas.

Debe ser bueno cuando uno agacha la cabeza y empieza a barrer para entregar.

Lalu dijo...

Me pusiste a pensar, ahora que estoy toda junkie de a polìtica.
Creo que es hora de darle màs palo al còdigo penal que a la silla vacìa.

Ana María Mesa Villegas dijo...

Estrógeno?

Esta mañana soñé con mi tía muerta y me autodesperté pensando "es un sueño, es un sueño..." yo solo cuento para la vida, así como a largo plazo, con mi hermana, si ella se llega a morir....

A mi lo que me parece es que cada uno está solo, solo, solo y, sólo a veces, somos capaces de unirnos, pero cuesta, y aunque eso debería bastar para ser motivo de unión, tampoco lo es, como no lo es tampoco ni un equipo de fútbol, ni una religión, ... claro que yo sí que soy... cómo fue que dijiste? sentimentalista...

Y diciendo esto, me separo de ti... ; )

CARAPÁLIDA dijo...

Sin embargo hay gente que nunca barre para entregar y hay gente que empieza a barrer desde que nace...
Me gustó mucho esto...me hizo pensar en muchas cosas...

JuanDavidVelez dijo...

Esta muy bacana. No opino porque soy un solapado y para opinar tendría que hablar de cosas que prefiero mantener calladas, mi opinión sería acerca de las cosas que hacen crecer esos pequeños odios con los semejantes.

Juanito Efectivo dijo...

Eso que dice CARAPALIDA es cierto. Hay gente que nace barriendo, los cínicos, los que antes de hacer un esfuerzo tienen que pasar por un filtro de 25 "para qués".

Y hay otros que nunca empiezan a barrer y hasta la muerte le hacen malacara al del almacén del lado porque se pone pañoleta de calaveras y no sombrero aguadeño.

Yo creo que esas desavenencias se prolongan en el tiempo más por terquedad que por verdadera convicción, porque al fin y al cabo la gente, aunque sea diferente, comparte ciertos valores absolutos que se imponen sobre lo demás, sobre lo accesorio... Tal es el caso del amor por la familia, el repudio por los violadores de niños, el miedo a la muerte y las ganas de sexo.

Juanito Efectivo dijo...

Ah, y refiriéndome a lo que dice Lalu, les pego esta que no es mía sino de adivinen quién: "Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón."

Esto me hace pensar que no estoy del todo de acuerdo con lo que dice Ana María. No por quedar por fuera del equipo uno queda necesariamente solo... Entre los católicos y los mormones, entre los fascistas y los comunistas se forma un laberinto de intermedios indefinidos y entonces todos los que están por ahí, deambulando entre los equipos, sin mucho rumbo y desorientados, creyéndose solos, empiezan a formar un grupo. Un grupo de desorientados, pero un grupo. Mejor dicho: el grupo de la gente que no tiene grupo.

Anímese Juan David, que mire que por ejemplo a mí hay un vecino que me cae muy mal solamente porque tiene una cara que no me gusta y porque la esposa vomita casi todos los días. Termino asociando las dos cosas y asumo que ese man -con esa cara que se manda- debe ser el que la hace vomitar. Además una vez en una junta de copropietarios dijo que era primo de un ministro.

Lalu dijo...

De pronto la esposa està en embarazo y te va a poder caer mal no sòlo el papà sino el pelaìto

Juanito Efectivo dijo...

No. Es que vomita hace como dos años.

Ana María Mesa Villegas dijo...

Sí, yo por eso dije que ahí nos distanciábamos... las distancias con los demás son más profundas que las creencias y no solo se dan a causa de ellas, sino que al final del día, lo que nos une son puros usos... yo uso, tu usas, él usa, ella usa a los demás, lo que no estoy diciendo que este mal (siquiera!!), si no nos necesitáramos tal vez seríamos un montón de ermitaños... no sé... especulo!

Además, ese no es el tema... sino que en definitiva hay gente con la que uno va a kinder con la que luego no tiene nada en común, y al contrario, muchos desacuerdos... y así es...

Tengo una amiga a la que el marido le dijo cuando se iban a casar que él se aguantaba cualquier cosa, menos que se engordara... no sé si ella vomitará...

Don Rul dijo...

Muy muy buen poust. As always.
Justo hace unos días un par de amigas se enemistaron a muerte porque ambas consideraron que la otra no tuiteó con la emotividad necesaria. Acabaron con su amistad sin siquiera verse.
Es lo que no se dice de los nuevos medios de comunicación.