Una fracción de los hechos se pierde entre parpadeo y parpadeo





martes, 7 de enero de 2020

2020

Llegó 2020 y se hace visible de pronto, como una cara en un espejo que se desempaña, el registro de las cosas que pasaron en 2019. Alegrías, sensaciones momentáneas de prestigio o de desprestigio, cansancio o una energía incontenible, días eternos como una ballena pensativa, días intensos y rápidos como pequeños animalitos que buscan la salida de un bosque en llamas, fines de semana en familia, algunos pocos nuevos amigos, la mata que está en la sala casi alcanza el techo del apartamento, el hijo dice sus primeras palabras, sus primeras opiniones "Ese no", "Ese sí", "Leche no", "Jugo sí".

Algunos que se bajaron del mundo en 2019. La impresión, la tristeza, el terror ante el recordatorio fatal. La fila en la que estamos, las diferentes filas en las que estamos mientras hacemos la fila principal. A veces me pongo a ver una montaña desde la ventana del apartamento. Se junta con otra en un cañón estrecho y forman una especie de nalga por cuyo pliegue se asoma el sol. Voy a mercar y vuelvo. Pongo las bolsas sobre una mesa en la cocina. El día está bonito, apacible, la gente en bicicleta por la carrera séptima. Una factura de la luz sobre la nevera. Un ronquido. El del absurdo que duerme. O se hace el dormido. Lo veo por las rendijas.

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