Una fracción de los hechos se pierde entre parpadeo y parpadeo





jueves, 3 de marzo de 2011

Dirección, manejo y confianza

Algunas veces tengo una impresión muy fija de lo que pasa. Como si el paisaje de carros, edificios y peatones fuera una ciudadela de acrílico y el motor de la vida fuera en realidad un motor, un aparato, alimentado por pilas. En esos momentos siento que soy un muñeco con un desajuste. Tal vez por eso la camisa nunca está del todo bien dentro del pantalón, ni transmito esa comodidad que la gente espera cada que se cruza con alguien. Los demás juguetes son diferentes. Algunos son fichas de ajedrez de diferente rango o muñecas grandes y despistadas; otros están disfrazados de soldados y van montados en helicópteros que sobrevuelan la ciudad.

De esos momentos me saca una alarma que puede ser un camión que viene por mi carril en la carretera o algo menos complicado, como el hambre.

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Salimos a almorzar Milena, Juan Fernando y yo motivados por los 15 minutos adicionales que nos permite el rango de coordinadores. Somos personas tranquilas, sin mucha estética ni una exagerada noción del estrato que poco a poco ha sido reemplazada por la comprensión profunda de los brazos laterales y verticales del organigrama. Ellos hablan de Santiago y Sofía, sus hijos. De los subgerentes, las tareas y las actividades. Juan Fernando habla del gerente de la fábrica de licores. Dice que es un muchacho de la edad de nosotros, con chofer, carro blindado, viajes a Nueva York, buen ejecutivo. Un viaje a Bogotá con ida y regreso el mismo día no lo hace sentir importante. Hace tiempo dejó de sufrir por las cuentas en los restaurantes.

Por el andén del frente caminan los empleados de Bancolombia con su paso anémico, ondeando corbatas con el ancho reglamentario, creando a su alrededor un microclima del buen gusto. Una trabajadora camina siguiendo el paso del que parece su jefe. Tiene la escarapela de Bancolombia y crédito para carro sin intereses. Camina hacia el restaurante del frente. Ella se va a morir antes que nosotros, dentro de 16 años.

8 comentarios:

Ana dijo...

En una ciudad como Medellín, ¿vanguardista?, el Sindicato Antiqueño dicta normas de vestir para todos sus empleados... ¿cierto?

Lalu dijo...

No sé si todo el sindicato, pero Bancolombia tiene un manual en la intranet con fotos y todo en las que muestran qué sí y qué no debe ponerse uno.

Correas que no sean de cuero, zapatos sin tacón, pantalones muy entubados o muy anchos o con cinco bolsillos, camisas de manga sisa, chaquetas de jean, etc. están proibidas inclusive los viernes.

Ana dijo...

Yo hice una de las prácticas de la Universidad en Bancafé y teníamos que ir de falda todos los días, a mi eso nunca me ha quedado bonito y por lo tanto durante un semestre me sentí campesina santandereana eres mi flor de romero. Y uno a los 22 años en esas con esta falta de carácter... pasé maluco.

Lalu dijo...

La falda obligatoria me parece hasta tutelable. Malparideces de la banca.

Juanito Efectivo dijo...

Donde yo trabajo sí parece un fortín de la libertad. Solo trabaja gente fea y luchadora.

Ayer entré a una peluquería que hay al lado, y cuando terminaron de motilarme me preguntaron, dudando: ¿Usted es del banco? y yo les dije: no, yo soy de Cohan. No sé por qué les dije eso; simplemente les debí haber dicho que no era del banco, pero quería sentar un precedente, quería que ellos supieran que la gente de Cohan también entraba a motilarse ahí.

Ana dijo...

No, tú querías que quedara claro que no todos los bonitos de corbata trabajan en el banco. Di la verdad.

Lalu dijo...

¿Esa peluquería no es como la más cara de Medellín? ¿Quedaste bien motilado?

Juanito Efectivo dijo...

Por eso fue que me preguntaron si era del banco. Es que los de allá tienen descuento.

Me pareció muy mal síntoma que cuando me estaban haciendo el champú, la silla me empezó a hacer masajes. Al final el saldo fue de 24.000.

Es muy raro, pero yo nunca quedo bien motilado. Creo que aunque fuera riquísimo, quedaría mal motilado.